Para mi hablar y pensar de Tlatelolco, los eventos de 1968, me inspira mucho respeto; respeto por aquellos estudiantes que fueron masacrados en la Plaza de las Tres Culturas.
Mi encuentro personal con Tlatelolco se dio hace un par de años mientras me encontraba de visita en esa plaza, sentado ante el monolito que recuerda los nombres de los “caídos oficialmente”; eran las 4 de la tarde aproximadamente y me encontraba sentado en la escalinata del monolito tratando de imaginarme como habría sido aquel lejano momento donde en lugar de los niños que yo veía jugando se encontraban reunidos los estudiantes convocados por sus lideres.
Todo resulto infructuoso pues en mi mente solo pasaban las imágenes que se han visto en la televisión.
Mientras el amigo que me acompañaba sacaba la foto que ilustra este post yo miraba la plaza tratando de sentir algo de los ecos del pasado.
De pronto una mujer de aproximadamente 70 años, de caminar cansado y cabello blanco salió del Templo de Santiago que se encontraba a mis espaldas, al pasar frente a mi me volteó a ver con una mirada curiosa, detuvo su caminar y se acerco a a mi.
Sin mas, la mujer me tomo de la mano y me dijo:
-Te pareces a uno de los niños que murieron aquí
Yo lo único que atine a hacer fue sonreírle, no sabia que responderle mientras la señora continuaba:
-Yo salía de misa cuando todo pasó…- y señalando al otro lado de la plaza dijo: -Por allá a un señor le mataron a su hijo en sus brazos, yo corrí y sentí como resbalaba por la sangre de muchos niños y muchachitos como tu que estaban tirados por allá, aquí, hacia allá.
Mi garganta no pudo evitar formar un nudo que me comenzaba a oprimir el pecho…
-Me salvé porque un soldado me protegió y me llevo hacia donde esta la fuente de las banderas, pero nunca olvidare las caras de los muchachitos muertos, de los niños que perdieron la vida aquí…
La señora soltó mi mano, dio la vuelta, se disculpó y siguió su camino.
En ese momento me di cuenta que no solo era el nudo en la garganta el que me afectaba, también gruesas lagrimas rodaban por mis mejillas voltee a ver el monolito y leí el texto inscrito en él y que es un fragmento de un poema de Rosario Castellanos y que pongo completo a continuación:
MEMORIAL DE TLATELOLCO
Rosario Castellanos
La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.
¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)
No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Más que aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.
Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
Hasta que la justicia se siente entre nosotros.
Mientras escribo esto, el recuerdo de esa tarde en Tlatelolco, hace que nuevamente mis ojos se llenen de lagrimas y en mi alma el agradecimiento de esos muchachos que ofrendaron sus vidas para tener el México que hoy gozamos y que con todos sus problemas y limitaciones es el país que nos permite tener cierta libertad de expresarnos.
2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA